Aburres al hablar en público
Y, lo peor de todo, no consigues persuadir a tu audiencia.
Lo de aburrir es probable que no te lo haya dicho nadie, pero es lo que piensa la mayoría de la gente sobre los oradores. Incluso es probable que tú también lo pienses de otros.
Lo de no persuadir a tu audiencia, ya te habrás dado cuenta tú.
Iré al grano.
Creo que si un orador habla y no consigue persuadir, ha fracasado. Si no, sé sincero contigo mismo y hazte esta pregunta: ¿para qué lanzas discursos?
El verdadero propósito de la oratoria es provocar acción.
Y, si eres empresario o directivo, esa acción casi siempre es vender tu producto, servicio, idea o -incluso- a ti mismo.

Soy Esaú Martín, enseño Oratoria de alto nivel, sin postureos, sin atajos, sin trucos y sin dejarte caer en el aburrimiento (y falta de ventas) en el que incurren el 99% de oradores.
Bien, antes de nada, déjame que te cuente una historia increíble y real -como la vida misma- que poca gente conoce.
Año1989, Berlín.
La situación de Alemania era la siguiente:
Un país dividido en 2 bloques, el occidental (República Federal Alemana) y el oriental (República Democrática Alemana). Este último estaba bajo el terrible yugo comunista, así que, lo de "democrática" entre comillas, claro.
Y una ciudad clave: Berlín que, aunque enclavada físicamente en el territorio comunista, a su vez estaba dividida en otras dos partes (occidental y oriental) por el famoso "Muro de Berlín". Y ahí era donde se jugaba toda la partida, en Berlín.
Pues bien, las potencias occidentales y los ciudadanos alemanes estaban presionando para que los comunistas derribaran el muro y que Alemania se unificase en un solo país.
¿Y qué hacían los listos de los comunistas? Pues reprimir y, de vez en cuando, amagar con pequeñas concesiones. Tan pequeñas que nunca cambiaba nada.
El caso es que el 9 de noviembre de 1989, los burócratas de Alemania del Este habían convocado una rueda de prensa para hacer algún nuevo anuncio que, como siempre, no iba a cambiar nada. Iba a ser otra aburrida conferencia más hasta que...
El portavoz del régimen comunista, Günter Schabowski, toma la palabra y anuncia que los ciudadanos alemanes del Este podrán cruzar el Muro y pasar al Oeste sin necesidad de Visa (algo impensable para ellos).
El periodista italiano Ricardo Ehrman, que había llegado tarde a la rueda de prensa y se encontraba sentado en la tarima, a los pies de las autoridades, pregunta:
- ¿Esto es válido para los ciudadanos de Berlín Oriental?
- Sí, responde Schabowski.
- ¿Sin necesidad de pasaporte?
- Sí, basta con el documento de identidad.
- ¿Desde cuándo entra en vigor?
- Pues no sabría decirle... (se rasca la cabeza) pero... (mira sus papeles y dice) de inmediato.

Los medios occidentales se hacen eco de la noticia y los ciudadanos de Berlín Este se amontonan frente a los pasos fronterizos para pasar al Oeste. Fue tal el número de personas queriendo cruzar que los guardias alemanes, atónitos y sin saber qué hacer, tuvieron que dejar pasar a cualquiera que quisiera cruzar la frontera.
El "Muro de Berlín" había caído.
La pregunta es...
- ¿Qué pasó exactamente?
- ¿Cómo pudo ocurrir eso?
Lo que sucedió es que el portavoz comunista recibió un papel con las instrucciones de lo que tenía que decir y no se preparó su comparecencia, sino que se lo metió en el bolsillo directamente.
Simplemente improvisó cuando le preguntaron a partir de cuándo entraban en vigor las nuevas medidas. No sabía la respuesta, así que sus palabras: "de inmediato", precipitaron la caída del Muro.
Evidentemente, el Muro iba a caer de todas formas, pero esa improvisación aceleró los acontecimientos.
Aunque fue una cagada monumental por su parte, trajo algo muy valioso para los alemanes: la libertad.
¿Y por qué te cuento esta historia?
Porque no siempre la historia se pone del lado correcto cuando alguien comete un error. Lo normal es que le penalice.
Y es posible que ahora mismo estés improvisando o no te estés preparando lo suficiente a la hora de afrontar una intervención pública.
Puede que no tengas muy claro el mensaje que necesitan tus oyentes, el tono de voz debes emplear para seducirles o qué gestos benefician a tu mensaje y cuáles lo están perjudicando.
Es probable que tu capacidad de persuasión no esté a la altura y no consigas los resultados que esperas.
Y, lo peor de todo, que la competencia se esté comiendo tu parte del pastel.
¿Y entonces?
Te explico. Hay una forma de arreglar eso. Hay otra manera de enfocar una charla o discurso desde cero, y eso implica empezar a escribir de otra manera.
¿Cómo?
De una forma mucho más clara y sencilla, que atrape a tu público como un imán gigantesco de esos de los desguaces de coches. Que les deje huella pero no por lo simpático o gracioso que puedas llegar a ser, sino por la potencia de tu mensaje. Que salgan de la sala donde acabas de hablar y quieran volver a escucharte, quieran saber más de ti y de tu mensaje.
Hay una forma de conseguir eso, y es mucho más sencilla de lo que crees. Milagrosa no es, no, tendrás que remangarte, pero es muy fácil de aplicar y no necesitas tener experiencia previa. Ninguna.
Es más, si no tienes experiencia previa, casi que mejor. Menos vicios adquiridos de los que desprenderte.
Mi Método
Pues bien, para conseguir todo esto, he creado el "Método HELL". Un sistema simple de sólo 3 pasos (Historia, Enseñanza y LLamada a la Acción) diseñado para dejar de aburrir a tus oyentes y empezar a influir en ellos.
Gracias a él, consigo que no sólo te escuchen, sino que confíen en ti y te quieran. Cuando logras esto, tu autoridad comienza a crecer y empiezas a sonar como uno de los referentes de tu sector. Y, cuando esto sucede, los ingresos llegan de manera natural.
A quién va dirigido
A empresarios, directivos o líderes acostumbrados a hablar en público pero que sienten que, tras hacerlo... no pasa nada.
Y ese "nada" les está costando influencia y ventas que ahora mismo se está llevando su competencia.
¿Y ahora?
Al suscribirte a mi newsletter te regalo un vídeo en el que te explico mi "Método HELL" para escribir charlas o discursos de forma muy sencilla pero extraordinariamente potente.
Funciona tan bien que oradores como Steve Jobs o Jeff Bezos lo han estado usando (me refiero de forma intuitiva, sin saber que existía un método) con un éxito extraordinario. Sus discursos acumulan millones de visitas en Internet.
Si lo aplicas bien, conseguirás vender más y mejor tu producto, servicio, idea o a ti mismo y, lo mejor de todo, no necesitas ser famoso ni tener ningún don para conseguirlo.
Y además, como mínimo una vez a la semana, cuento historias en las que doy consejos para salir de esa espiral de aburrimiento en la que se encuentran atrapados muchos oradores. Dentro te explico cómo.
Pero, por ahora, aquí te suscribes y recibes la explicación del Método HELL:
Escribo a menudo historias sobre cómo destacar al hablar en público y disfrutar al hacerlo.
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Si quieres conocerme un poco más antes de suscribirte, puedes echar un vistazo a mi libro:
Método HELL